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Oku no Hosomichi, La separación de Matsuo Bashō i Kawai Sora.  Emaki Mono (ilustración narrativa) en porcelana (técnica Kutani Ware)
http://ceramica.wikia.com/wiki/Archivo:Oku_no_Hosomichi-_separate_at_Yamanaka.jpg

Oku no Hosomichi haikus de viaje de Matsuo Basho el poeta que caminaba


“Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje” Matsuo Basho 1689 trad. Octavio Paz
Matsuo Bashō poeta, dedicó toda su vida a la contemplación de la naturaleza y a la literatura. Muchos de sus poemas fueron escritos mientras viajaba a pie. En 1689 partió caminando hacia la región de Oku, al norte del Japón. Basho quería visitar todos los lugares sobre los que habían escrito los poetas antiguos, especialmente los lugares que había visitado el maestro Saigyo, al que Bashō admiraba más que a ningún otro escritor waka. En el Japón   del siglo XVII   viajar era muy peligroso pero nada detuvo al poeta que durante 156 días recorrió miles de kilómetros, casi siempre a pie. En el camino fue escribiendo toda una colección de haiku, poemas de tres versos de 5 y 7 sílabas , impresiones unicelulares de pequeños fenómenos, instantes, insectos, hierbas, reflejos en el agua. A su regreso publicó el libro de viaje con el título Hoku no Hosomichi, uno de los libros de poesía japonesa que más veces se han traducido a las lenguas de occidente.   The narrow road to the deep North, Back roads to far towns, La sente étroite du bout du monde, The narrow road through the provinces son diferentes traducciones del título original japonés en las que se sugiere la complejidad de traducir conceptos expresados con ideogramas: al final de las traducciones del título  Hoku no Hosomichi nos queda un camino estrecho que lleva lejos. Tan simple como eso. Por eso nos gusta el título que le dio a su traducción Octavio Paz, Sendas de Oku

El tiempo que el camino regala.

Grand Tour era un viaje por Europa que hacían los artistas y los jóvenes que se lo podían permitir. La costumbre se impuso haci al 1600 y se mantuvo hasta el inicio de los desplazamientos en tren en el siglo XX. El viaje solía ir asociado a un itinerario predeterminado, cada artista y cada viajero tenía “su” Grand Tour aunque pocos dejaban de visitar las ruinas de Roma, las pinturas de los primitivos flamencos en Amsterdam y Brujas, las calles de París o los palacios de Florencia y Venecia.

En muchas culturas es costumbre que el joven haga un viaje antes de comenzar su vida de adulto, fundando un hogar y trabajando . En la India el bramacharia, el joven estudiante, era enviado lejos de casa a ejercer un oficio o a recibir las enseñanzas de un maestro antes de convertirse en padre de familia. En la Europa medieval el aspirante tenía que ir al bosque y afrontar el peligro de lo desconocido antes de ser armado caballero. Aún hoy muchos estudiantes europeos hacen un viaje a la mitad o al terminar sus estudios superiores, pero pocos saben que su Erasmus forma parte de una tradición tan antigua.

El Grand tour tenía un sentido iniciático y ritual, ya que en el viaje el joven abandonaba por primera vez el hogar y se abría al mundo. A pesar de algunas formas empobrecidas del turismo actual (en las que cuanto más lejos vamos más parecido y uniforme es el entorno que encontramos) sigue habiendo mil lugares y mil rincones para que cada cual haga su Grand Tour y es por eso que el viaje sigue vivo. Nosotros ahora viajamos cerca y a pie porque pensamos que viajar es mucho más que ir a un lugar. Es permitirse una excepción muy particular. Y ese cambio excepcional nos acerca a todo lo que nos es exterior y también nos hace ver desde fuera y por contraste, nuesta vida diaria.

El Grand Tour de hoy también nos da la oportunidad de elegir lo que es digno de mirar, de escuchar y de compartir. En nuestro caso, territorios, artistas, artesanos, caminantes, gentes de oficio, muchas cosas y muchas personas que a pesar de estar muy cerca no siempre captamos ni conocemos como merecen porque no siempre podemos darles el tiempo necesario.

El tiempo que el camino regala.

Foto: Un grand pic Marmuré ou Balaïtous. Frères Cadier “Au pays des Isards” 1904

Caminar, un arte

Caminar es una manera de vivir y puede ser un arte.
Grand Tour es una invitación a viajar y aprender el arte de caminar.
Nadie debe imaginar que una excursión (como algunos quisieran hacernos creer) es tan solo una manera, mejor o peor, de ver la campiña. Hay muchas maneras igualmente buenas de ver el paisaje y ninguna es más vívida, a pesar de las quejas de los dilentantes, que desde un ferrocarril. Pero el panorama en una excursión a pie es completamente accesorio. Quien en realidad pertenece a esa hermandad no viaja en busca de lo pintoresco sino de cierto humor alegre: de la esperanza y el espíritu con que la marcha empieza por la mañana y de la paz y plenitud espiritual del reposo al caer la noche.